La meteorología de las emociones

Todo el tiempo nos pasan cosas. Mejor dicho, nos pasan cosas.

Y a menudo estas cosas nos afectan un montón. Nos enfadamos o nos alegramos, nos emocionamos, nos alteramos y reaccionamos. En realidad, nos tomamos muchas cosas como algo personal, como si tuviéramos el deber de cambiarlas.

Por ejemplo:

  • Un conductor que casi te choca o que te pita porque no vas bastante rápido…
  • Un compañero en la oficina que ni te saluda…
  • Un ordenador que se ‘cuelga’…
  • El funcionario del banco que no acepta tu solicitud de préstamo…
  • Tu pareja que está de mal humor…
  • Un vecino que hace demasiado ruido, o que se queja del ruido que haces tú…
  • Una caca de paloma que aterriza sobre tu cabeza…
  • Y tantas situaciones que quizás te vienen a la cabeza ahora mismo…

¿Y si las consideráramos como fenómenos meteorológicos, igual que consideramos la lluvia, el calor, el frío o el viento?

 

Parece ridículo enfadarnos por algo como el tiempo, que no depende de nosotros. Más bien, entendemos que es un hecho. Lo aceptamos. Nos puede agradar o desagradar, pero no nos quedamos pensando en ello. Continuamos adelante.

Con la mayoría de cosas que nos pasan durante el día, podemos hacer lo mismo. En vez de perder energía y foco en algo que no depende de nosotros, también es posible verlo como el tiempo.

Si llueve, salgo de casa con un paraguas o un abrigo. Si la lluvia me pilla en la calle, busco un sitio donde no mojarme. Y si me mojo y me resfrío, me preparo algo calentito y me cuido.

¿Vale la pena dejar que eventos “meteorológicos” ajenos influyan en nuestras emociones y dicten, poco a poco, nuestra vida? De eso, creo yo, va la libertad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.