La balsa del mindfulness

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Al meditar, solemos usar la respiración como ancla para nuestra atención al momento presente.

Además, como bien explica Thich Nhat Hanh, al dirigir nuestra atención a la respiración logramos reunir a la mente y al cuerpo. Al inhalar, “sé que estoy inhalando”; al exhalar, “sé que estoy exhalando”. Gracias a esta fórmula simple y mágica, nuestro cuerpo y nuestra mente se reencuentran y son uno.

Se me ocurre que un poder similar tiene la sonrisa.

Al sonreír, realizamos una acción física y al mismo tiempo una acción mental. Activamos ciertos músculos de la cara y al mismo tiempo adoptamos una actitud emocional. Cuerpo y mente se unen de nuevo, esta vez en movimiento, en acción.

Si la respiración es el ancla del mindfulness, la sonrisa puede ser la balsa en la que queremos viajar.

¡Feliz trayecto!